La alimentación del siglo XXI
La alimentación a mediados del siglo pasado se caracterizaba
por un alto consumo de vegetales con una aportación de proteína
vegetal que procedía del consumo de legumbres y frutos secos. Tenía un elevado
porcentaje de hidratos de carbono complejos, debido al consumo de patata y
arroz. Era una alimentación bastante escasa en proteína animal y se
podría afirmar que era muy monótona pero rica en fibra.
La población actual es más propensa a padecer enfermedades
como la obesidad
En cambio, la alimentación de este siglo es elevada en
proteína, sobre todo animal, alta en grasas y rica en azúcar. En este
caso, tenemos la fortuna de tener una dieta muy variada pero muy baja en fibra.
Observando la evolución de nuestras dietas, podemos afirmar
que han sufrido un cambio importante pero a su vez negativo. Y debido a estas
modificaciones, nuestra población es más propensa a padecer enfermedades como la
obesidad, la hipertensión, la hipercolesterolemia, la diabetes, etc.
Cada vez es más habitual consumir alimentos preparados o
precocinados, ya sea por el escaso tiempo que tenemos para dedicarlo a los
fogones, o bien, por la limitada práctica de cocinar. Estos malos hábitos
también están pasando factura a nuestros hijos.
Si nos paramos a reflexionar tan solo un momento y comparamos
la alimentación de nuestros hijos con nuestra alimentación a su misma edad,
podemos encontrar muchísimos cambios y únicamente han pasado un par o tres
de décadas.
Empezando desde muy pequeños: antes, lo más habitual era la
lactancia materna; ahora, lo es alimentar al neonato a partir de una
alimentación artificial.
Durante los primeros años de vida, nuestra alimentación se
basaba en consumir los mismos sustentos que ingerían el resto de nuestros
familiares, preparados casi siempre por nuestra madre quien se encargaba de
nuestro cuidado. Los desayunos eran sanos, a base de tostadas, algún cereal y,
de manera puntual, alguna bollería industrial o casera.
La alimentación de los niños se basa en comida precocinada,
poca fruta y verdura
Tanto en el recreo como en las meriendas reinaba el conocido
bocadillo. Y algún día puntual tocaba algún bollo o refresco.
Sin embargo, hoy la alimentación de los más pequeños se
basa en consumir con mucha frecuencia algún alimento precocinado, rico en
azúcares o bien en grasas. Como ahora es mucho más frecuente el consumo de
bollería industrial, el día en que se consume algo diferente es comida rápida.
Lo peor de todo es que estamos habituando a los más
jóvenes a una alimentación desequilibrada, donde la fruta y la verdura son cada
vez más escasas y gana más importancia todos aquellos alimentos y
cocciones que se deberían consumir de manera moderada y puntual. Todo ello
provoca que estos niños pasen a ser adultos con sobrepeso u obesidad debido a
los incorrectos hábitos que se les están enseñando.
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