Las Comidas Saludables en el Siglo XXI
La alimentación a mediados del siglo pasado se caracterizaba por un alto consumo de vegetales con una aportación de proteína vegetal que procedía del consumo de legumbres y frutos secos. Tenía un elevado porcentaje de hidratos de carbono complejos, debido al consumo de patata y arroz. Era una alimentación bastante escasa en proteína animal y se podría afirmar que era muy monótona pero rica en fibra.
La población actual es más propensa a padecer enfermedades como la obesidad
En cambio, la alimentación de este siglo es elevada en proteína, sobre todo animal, alta en grasas y rica en azúcar. En este caso, tenemos la fortuna de tener una dieta muy variada pero muy baja en fibra.
Observando la evolución de nuestras dietas, podemos afirmar que han sufrido un cambio importante pero a su vez negativo. Y debido a estas modificaciones, nuestra población es más propensa a padecer enfermedades como la obesidad, la hipertensión, la hipercolesterolemia, la diabetes, etc.
Cada vez es más habitual consumir alimentos preparados o precocinados, ya sea por el escaso tiempo que tenemos para dedicarlo a los fogones, o bien, por la limitada práctica de cocinar. Estos malos hábitos también están pasando factura a nuestros hijos.
Si nos paramos a reflexionar tan solo un momento y comparamos la alimentación de nuestros hijos con nuestra alimentación a su misma edad, podemos encontrar muchísimos cambios y únicamente han pasado un par o tres de décadas.
Sin embargo, hoy la alimentación de los más pequeños se basa en consumir con mucha frecuencia algún alimento precocinado, rico en azúcares o bien en grasas. Como ahora es mucho más frecuente el consumo de bollería industrial, el día en que se consume algo diferente es comida rápida.
Lo peor de todo es que estamos habituando a los más jóvenes a una alimentación desequilibrada, donde la fruta y la verdura son cada vez más escasas y gana más importancia todos aquellos alimentos y cocciones que se deberían consumir de manera moderada y puntual. Todo ello provoca que estos niños pasen a ser adultos con sobrepeso u obesidad debido a los incorrectos hábitos que se les están enseñando.Según un estudio realizado por Jules Pretty, investigador de la Universidad de Sussex, más de 1,4 millones de agricultores de todo el mundo han adoptado enfoques agroecológicos. Su estudio identificó incrementos promedio de 100% en la productividad de cientos de proyectos luego de la adopción de estos principios, con aumentos record de 400% en situaciones más avanzadas de transición agroecológica.
Además de los niveles de productividad, los sistemas manejados con un enfoque agroecológico proporcionan una respuesta positiva a otros factores responsables de la crisis en la agricultura convencional: tienen un balance positivo de energía y grandes ahorros en el uso de combustibles fósiles, son económicos en el uso de agua, recuperan y conservan la fertilidad del suelo sin el uso de insumos externos además de ser resistentes a los procesos de erosión, funcionan como ‘sumideros de carbono’ y no emiten –o emiten pocos– gases de efecto invernadero; están integrados funcionalmente a la vegetación natural proporcionando mayor estabilidad a los microclimas locales y están libres de la contaminación química causada por plaguicidas y fertilizantes químicos solubles, además de la contaminación genética causada por los OGM.
Tomados en conjunto, estos efectos positivos indican que promover la agroecología es una estrategia consistente con la necesidad de proporcionar una respuesta estructural integral a la crisis en el modelo agrícola convencional, empezando por el reto de alimentar a una población mundial en expansión bajo condiciones adecuadas y sostenibles. Efectivamente, este potencial fue confirmado por la Evaluación Internacional de las Ciencias y la Tecnología Agrícolas para el Desarrollo (IAASTD por sus siglas en inglés), una iniciativa financiada por entidades relacionadas con las Naciones Unidas que combinó los esfuerzos de un grupo de 400 científicos de diversas disciplinas durante un período de tres años en países de todos los continentes (IAASTD, 2009).
Aún más explícitamente, el Relator Especial para el Derecho a la Alimentación de las Naciones Unidas hizo una declaración en 2010 en la que afirmó que la agroecología puede simultáneamente incrementar la productividad agrícola y la seguridad alimentaria, mejorar los ingresos de los agricultores familiares y frenar la tendencia hacia la erosión genética causada por la agricultura industrial (De Schutter, 2010).
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