La alimentación del siglo XXI 2

 

Según un estudio realizado por Jules Pretty, investigador de la Universidad de Sussex, más de 1,4 millones de agricultores de todo el mundo han adoptado enfoques agroecológicos. Su estudio identificó incrementos promedio de 100% en la productividad de cientos de proyectos luego de la adopción de estos principios, con aumentos record de 400% en situaciones más avanzadas de transición agroecológica.

Además de los niveles de productividad, los sistemas manejados con un enfoque agroecológico proporcionan una respuesta positiva a otros factores responsables de la crisis en la agricultura convencional: tienen un balance positivo de energía y grandes ahorros en el uso de combustibles fósiles, son económicos en el uso de agua, recuperan y conservan la fertilidad del suelo sin el uso de insumos externos además de ser resistentes a los procesos de erosión, funcionan como ‘sumideros de carbono’ y no emiten –o emiten pocos– gases de efecto invernadero; están integrados funcionalmente a la vegetación natural proporcionando mayor estabilidad a los microclimas locales y están libres de la contaminación química causada por plaguicidas y fertilizantes químicos solubles, además de la contaminación genética causada por los OGM.

Tomados en conjunto, estos efectos positivos indican que promover la agroecología es una estrategia consistente con la necesidad de proporcionar una respuesta estructural integral a la crisis en el modelo agrícola convencional, empezando por el reto de alimentar a una población mundial en expansión bajo condiciones adecuadas y sostenibles. Efectivamente, este potencial fue confirmado por la Evaluación Internacional de las Ciencias y la Tecnología Agrícolas para el Desarrollo (IAASTD por sus siglas en inglés), una iniciativa financiada por entidades relacionadas con las Naciones Unidas que combinó los esfuerzos de un grupo de 400 científicos de diversas disciplinas durante un período de tres años en países de todos los continentes (IAASTD, 2009).

Aún más explícitamente, el Relator Especial para el Derecho a la Alimentación de las Naciones Unidas hizo una declaración en 2010 en la que afirmó que la agroecología puede simultáneamente incrementar la productividad agrícola y la seguridad alimentaria, mejorar los ingresos de los agricultores familiares y frenar la tendencia hacia la erosión genética causada por la agricultura industrial (De Schutter, 2010).



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